En 1.937, durante la Segunda República española, el gobierno de la Generalitat Catalana se ponía a la vanguardia europea con la aprobación de un decreto que regulaba la interrupción voluntaria del embarazo. Una nueva legislación que permitía a las mujeres interrumpir el embarazo por causas terapéuticas (enfermedad física o mental de la madre que contraindicase el parto), motivaciones eugenésicas (taras que pudiesen transmitirse), factores neomalthusianos (deseo consciente de limitación voluntaria de la natalidad) y razones sentimentales o éticas (maternidad no deseada por la madre por causas de orden amoroso o sentimental).

Una ministra intentó llevar esta misma ley a todo el estado español, pero la Guerra Civil impidió que llegara a ejecutarse. No así otros muchos logros de esta fascinante mujer.


Federica Montseny, una mujer libertaria.

Fue la primera ministra de un gobierno español. Y según algunos, más que eso: la primera ministra europea. Pero hay quien da más y llega a afirmar que fue la primera del mundo.

Federica Montseny nació en Madrid el 12 de febrero de 1905. Era hija de dos anarquistas catalanes que fueron procesados en varias ocasiones por sus ideas libertarias. Unos padres peculiares, sin duda, que fundaron las publicaciones La revista blanca y Tierra y libertad, y que educaron a la niña en casa, ya que su madre era maestra.

De jovencita no se aburrió: estudiaba Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, al tiempo que estaba afiliada a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y colaboraba en publicaciones anarquistas, donde escribía sobre filosofía, literatura y feminismo.

Entre los meses de noviembre de 1936 y mayo de 1937, Federica se hizo cargo del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social en el gobierno del socialista Francisco Largo Caballero. Imagínate las dificultades a las que debió de enfrentarse, ya que a su condición de primera y única ministra hay que sumar las duras circunstancias en las que tuvo que desempeñar su cargo, en plena Guerra Civil.

Por este motivo, las primeras funciones de Federica tuvieron mucho que ver con la evacuación de refugiados y las urgencias hospitalarias.

Pero, sobre todo, Federica Montseny ha pasado a la historia porque su ministerio promulgó una ley del aborto y creó unos centros de atención a las prostitutas, donde se les ofrecía alojamiento y se les enseñaba un oficio.

Al terminar la guerra, y tras su breve ministerio, se exilió en Francia. Huyendo de los nazis, se refugió en la Borgoña y fue detenida. El gobierno de Madrid solicitó su extradición, pero fue denegada a causa de su embarazo.

En 1945 se instaló en Tolouse, y hasta su muerte ni abandonó Francia ni renegó de sus ideales anarquistas. Murió en enero de 1994, víctima de una enfermedad terminal.

Montseny publicó varios libros. Entre ellos destacan La mujer, problema del hombre, Cien días en la vida de una mujer, Crónica de la CNT, El anarquismo y Mis primeros cuarenta años.

De su vida personal te podemos contar que lo que más le afectó fue la muerte de una de sus hijas. Eso fue lo que contó la otra, llamada Vida, quien recordó a la muerte de su madre que ésta renunció a la vida de madre y esposa para dedicarse por entero a su carrera política y a luchar por la liberación de la mujer.

Sin embargo, no dejó Francia porque allí estaban sus hijos y sus nietos. Y es que, como en muchas otras cosas, Federica Montseny fue pionera en tratar de combinar ambas facetas en unos tiempos en los que ésa era la excepción y no la norma entre las mujeres españolas. Por su personalidad, sus ideas y su intensa dedicación a la política, la llamaron "la pasionaria anarquista".


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